Ryan Adams - Heartbreaker (2002)


"...disco de despecho, de suplicar otra oportunidad, de desolación ante el abandono, está hecho para coger la botella de whisky y bebérsela de una sentada, no para olvidar, más bien para recordar y revolcarse en el fango, así es, la banda sonora perfecta para el broken hearted..."


Una costumbre que no me gusta nada en las reseñas musicales, que seguro que alguna vez yo he hecho, es afirmar a destajo frases del tipo 'Es el nuevo... '. A Ryan Adams le pasó con Heartbreaker, más de uno le proclamó al instante como el nuevo Dylan, tiene detalles muy bien aprendidos, pero no, no se puede sacar certificado al primer songwritter que se cuelga una guitarra acústica y tiene cierta fluidez en los textos, le pasó a Springsteen en los 70, le pasó a Tom Petty en los 80, casi todos los años pueden oirse adjetivos similares aunque el bardo está vivo y a cada disco es nuevo. De acuerdo que Ryan Adams recibe una notable influencia de Dylan en algunas de las canciones, pero también de los Rolling Stones, y de los Beatles.

Decidme ¿a quien no le gustaría tener el corazón roto con la compañía que trae el de Jacksonville?: Gillian Welch, Emmylou Harris, Kim Richey, Allison Pierce, una buena corte de acompañantes, podría ser un perfecto harén country, donde bulkas y turbantes se sustituyen por botas camperas, chorreras y gorros de cowboy, además de la inestimable ayuda de un muy buen grupo de instrumentistas, Ethan Johns, quien además se encarga de la producción, a destacar Dave Rawlings, excelente músico a reivindicar por donde quiera que pise y con quien comparte la autoría de To Be Young. También le acompañan Pat Sansone, ahora en Wilco, y  por supuesto, remarcando a Gillian Welch que aporta su buen hacer en las cuerdas y su inlfuencia del folk de los Apalaches. Heartbreaker es más que un disco en solitario, para mí es una excelente colaboración donde Welch y Rawlings confiere profundidad y solidez al pastel, en este caso con un toque de azúcar glassé por parte de Ethan Johns, una retaguardia que marca la diferencia.

La garantía de calidad: Gillian Welch y Dave Rawlings, grandes.
Su proximidad a las listas de éxitos volvió a traer a primera línea la música más tradicional de raíces americanas que ya contaba con notables valores como quienes le acompañan, Welch y Rawlings. Pero esa pose de niño malo, ese aspecto grunge-country hizo siempre más atractiva su propuesta, un reclamo que le valió una legión de fans quinceañeras con las paredes de su cuarto listas para el poster de turno. Aun así no deja de ser un disco perfectamente disfrutable, para mí es su mejor disco desde el primero hasta el último minuto, y a pesar de no ser el pionero en estas lides de balada acústico-intimistas, en absoluto..., si podría considerarse un Blood On The Tracks adolescente que además creó escuela en los jóvenes que durante el siguiente lustro llenaron las discográficas de nuevos singer-songwritters con el corazón roto en pedazos, aunque más descabellado fueron algunos periodistas que en vez de "nuevo Dylan", empezaron con el cuño de nuevo Ryan Adams, aún sucede.

La cuarta pata de la mesa: Ethan Johns, el hijo de Glyn,
herencia familiar.
Lo primero que asoma en el disco es una conversación jocosa con Rawlings discutiendo sobre qué LP de Morrisey contiene la canción Suedehead, si Bona Drag o Viva Hate, Adams bromea con acento inglés, se descojona, le encantan los Smiths y se explaya con To Be Young, un cruce honky-tonk con rockabilly de ritmo trotón y guitarra limpia que recuerda por igual a los primeros Stones y al "Bring it all back home" de Dylan. En esa línea Exile más rockabilly se encuentra también Shakedown on 9th Street con Gillian en el papel de Lucy. Dos canciones que en lo musical marcan la diferencia con el resto. My Winding Wheel tiene ese toque folk-rock que tanto ha exprimido y que tan bien le sale, e incluso podría afirmar que casi la totalidad de sus canciones salieron de aquí, una especie de Dylan-pop.

Pero no todo es influencia Dylan, canciones como Amy tienen un toque Beatle delicioso, ese dulzor especial tan familiar de las baladas Lennon/McCartney de su etapa post She Loves You, en una balada dedicada a la chica que le aplastó el corazón, inspirándole a su vez este magnífico disco. Y oh! Oh My Sweet Carolina es uno de los puntos álgidos con Emmylou Harris, Ryan Adams no es Gram Parsons, pero su interpretación es sublime y que decir de la intervención de la Harris, buf, hace subir los enteros como la espuma, ésto es auténtica morriña, perfecta melancolía de sus raíces.

La evidente influencia del folk de los Apalaches la aporta Gillian Welch en Bartering Lines, fenomenal, Ryan Adams no ha vuelto a rozar tal perfección folky en su carrera posterior. Call me On Your Way Back Home, es brillante, es dulce y es triste a partes iguales, bendita tristeza la de esta balada para hacerle más difícil a Amy su partida, Ryan se arrastra con clase y se resiste a dejarla ir, pero ni esa harmónica que corta el aire la hace cambiar de opinión, ya no volverá. Damn, Sam (I Love a Woman that rains) posiblemente mi canción preferida de Ryan Adams, eso soltado puede resultar descabellado, pero todo, letra y música, se conjugan a la perfección en una canción que juega con la caída de los versos de Dylan, tema con cierto sarcasmo sospecho, supongo que entendió hasta que punto su ex ejercía algún tipo de control sobre él, es consciente y se deja 'maldita sea Sam, estoy enmorado de una chica que llueve'.

Otra de sus grandes canciones es Come Pick me Up tiene la harmónica que te corta en dos, y fijaros en la utilización tan poco country del banjo (y copiado hasta la saciedad), transforma un mala experiencia en algo realmente poético, 'desearía que lo hicieras, ven a recogerme, sácame por ahí, fóllame, roba mis discos, tírate a todos mis amigos que son todos unos mierdas con una sonrisa en la cara, y hazlo de nuevo' bueno, bueno... la chica debió ser de armas tomar, el chaval está echo un trapo listo para tirar. To Be The One y Why Do They Leave, la botella de whisky vacía, el recuerdo que mata, y las pastillas lo aplacan momentaneamente pero no consiguen hacer olvidar, esto anda mal. Don't Ask for the Water, versos de ida y vuelta de los que clava Lucinda, como ella, sabe sacarle partido a los acordes y no dejarlos escapar con ese riff de armónica final cogida directamente de Nebraska.


Y si alguien aún duda del valor lírico de sus letras que se repase In My Time of Need, esta canción me mataguitarra y voz, el buen hacer de Welch en la segunda voz y el banjo, no hace falta más, Ryan Adams es un intérprete como la copa de un pino, sabe como encarar el tono y timbre para meterte en la historia, hasta Joan Baez ha cantado una versión en sus conciertos y no me extraña, como en Bartering Lines, los personajes llegan al límite de sus posibilidades donde el consuelo juega un papel primordial. y llega el momento de la cura, pero con algo más que sustancias legales, llega el final del disco que podríamos considerar el principio de lo que vendrá después, en Sweet Lil Gal hace de Lennon, piano y voz, observa desde el Chelsea Hotel la esquina de la veintetrés con la primera, ¿espera a su dealer? es su I'm waitng for my man, a la espera de probar otra sustancia que le haga olvidar, o quizas una prostituta que le acompañe un rato, empieza el descenso a los bajos fondos y empieza el olvido.

Ya... lo sé... sólo habrá por siempre un rey de los corazones solitarios, aunque Ryan se acerca bastante a Roy Orbison en estos menesteres de loneliness y abarca muy bien en estas quince canciones todos los sentimientos y emociones que soporta un corazón roto y abandonado. Y al de Jacksonville que le quedaba lejos Soria, encontró en el Chelsea Hotel un buen lugar para irse a olvidar y dejar que el tiempo hiciera su función en este volcado de despecho, de suplicar otra oportunidad, de desolación ante el abandono, un disco hecho para coger la botella de whisky y bebérsela de una sentada, no para olvidar, más bien para recordar y revolcarse en el fango, así es, la banda sonora perfecta para el broken hearted. Su mejor disco.


Escrito para el Exile SH Magazine

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