Songs: Ohia - Impala (1998)


Impala es el segundo disco de Songs: Ohia, o lo que es lo mismo, Jason Molina con Geof Comings. Gran parte de la obra de Jason Molina la percibo de manera similar a Nebraska, la misma esencia desoladora y solitaria que deja pocas posibilidades a un cambio, más por imposibilidad que por falta de voluntad. Molina parece llevar las circunstancias puntuales de aquel disco interiorizadas hasta límites insospechados. Pero huye hacía adelante de la única manera que sabe, aceptando y purgando aquello que causa dolor con la música como única vía de expresión vital, y/o abriendo otra cerveza. En ese aspecto hay pocos discos de Jason Molina que puedan calificarse de fáciles, pongamos Magnolia Electric Co como triunfo seguro pero ya con un pie en otro concepto diferente y más luminoso, e Impala como el disco que a mi entender muestra su esencia pura, exorcizante, hipnótica y suspendida en algún lugar muy oscuro dentro de su cabeza.

Es curioso que Johnny 99 la acabara liando después de ser despedido de la planta de Ford de Mahwah, y que este disco esté impregnado de esa tristeza industrial del propio ecosistema de Ohio. Y es que los ambientes industriales, grises y desvalidos de humanidad, llenos de balances, reglas, beneficios, son lugares propiciatorios para estas visitas a las profundidades abisales del alma, con la inmovilidad laboral como coartada y con el desencanto vital de saber que estás fuera de tu lugar y que te acabará matando por dentro. Estos llantos suspendidos en Impala me retrotraen a una época determinada, justo en el momento en que escuchaba el sonido del silencio después de una jornada de trabajo en la factoria, sabía la hora de entrada pero no la de salida, después de doce o catorce horas la sensación de ligereza al salir era tal, que llegaba a experimentar la libertad física y mental de una forma que nunca había sentido jamás, el silencio e instintos básicos a flor de piel, hambre voraz, el viento fresco, sensaciones primarias que en mi extenuación me hacían volver a sentir vivo como los clavos en la mano del replicante.

Una sensación que duraba bien poco, el trayecto hasta casa. Ya con pocas horas que sacarle al día, sentado y en silencio, aún con el temblor ensordecedor en los oídos de las prensas gigantescas que nunca dejaban desconectar del todo, te atan al amanecer siguiente y se burlan a carcajadas del destino que espera cruel como los molinos de la Mancha, sin salida, con todos esas voces diciéndote la suerte que tienes por tener ese trabajo, "te ha salido una buena mano... vas por buen camino". Impala también son los instantes antes de dormirse, mantras, frases e ideas desdoblan el cuerpo de la mente, el cuerpo queda inmóvil, la mente marcha sin control, y sólo el liberador camino hasta el frigorífico y el sonido del abrir de una lata es capaz de atajar, de llevarte a otro plano diferente donde si es posible dejar atrás ese color naranja suave y traicionero de las farolas de la factoría. 

Y digo que no es un disco fácil porque puede que cada vez que te enfrentes a sus cancions te preguntes si realmente quieres adentrarte en él, si estás preparado para dejarte llevar hasta tal profundidad, a no ser que ya estés en ella. Impala, un teclado de ideas simples pero justas, una acústica renqueante, una batería que marca el paso lento y una voz soportada por un fino alambre a punto de romperse.

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9 Comentarios

  1. Hay veces en que enfrentarse a la previsible dificultad salva un día gris, o marcado por la consciencia de la pérdida. Sumergirse en Songs:Ohia no es muchas veces ejercicio fácil. Lo hago con cierta asiduidad con "The Lioness" y "Didn´t Rain" y reconozco que me deja un sabor de liberación, aunque sea limitada en el tiempo. Excelente el texto.
    Saludos,
    JdG

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    1. Did'nt It Rain es otra maravilla absoluta, a un disco que se titula igual que una canción de Mahalia Jackson no podía faltarle ese punto orgánico y catártico, otro de mis preferidos, The Lioness no lo he escuchado, pero lo haré. Saludos y gracias por pasar.

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  2. Hay discos que precisan de un ambiente desolador para ser apreciados en toda su extensión. Éste es el ejemplo. Un abrazo, Mr. Folk N Roll Machine Man.

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    1. Así es amigo, yo me lo pienso dos veces antes de meterme a fondo, me lo dejo para esos momentos que sin razón estás donde estás. Saludos y gracias por pasar.

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  3. Lo describes de forma clara pero para nada prosaica. Lo único que echo en falta de las jornadas de diez o doce horas, son esa sensación de libertad que describes y la satisfacción que da ducharse, coger una cerveza y derrumbarse en el sofá, lo gratificante que llega a resultar el cansancio de una jornada completa. Masón me acompañaba durante esos días y los posteriores al derrumbe. No he oído Impala, pero The Liones es de lo más comercial que hizo jamás. El otro día (ayer), estuve en la fnac de mi ciudad, y tuve que dejar allí un par de vinilos de Songs Ohia. Abrazo, Chals!!

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    1. Amigo, y yo, más que hechar de menos todo el pack, sólo esos momentos justo después de salir, plantado en la puerta y cuando aún no me había percatado de que el ruido de las prensas aun sonaba en mis oidos. Impala lo escuché después a este periodo y desde el segundo 1 reconocí esa sensación entre tristeza, desafección y tranquilidad. Un placer tenerte por aquí Ned. Saludos

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  4. Triste pero ssreno, Bello pero con angustía en interior. No para cualquier situaciónn y lugar pero una vez que se da con ambas premisas más que disfrutable

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  5. Un frase para enmarcar berbardo, y coincido contigo, no para cualquier momento. Saludos

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  6. Que buen rato he pasado leyendo, que maravilla de texto, copón y que conste que no es por ser zalamero, pero que facilidad para transmitir a partir de una historia personal, como bien acaban siendo también estos discos y estos artistas que brillan desde la discreción artístíca en cuanto a recoger la siembra se refiere. 'Impala' es uno de esos álbumes de lento calado, de los que te vas prendando con los años, con los momentos bien escogidos, que bien sigue sonando con el paso del tiempo, que talento tenía este hombre.
    Me has hecho recordar una etapa en la que por fortuna no me torturaba el ruido de las máquinas en mi trabajo, pero me mataba el horario. Fueron unos años en los que me castigaba el lomo en un almacén cárnico que preparaba envíos alimentarios para los comedores de grandes empresas y cadenas de restaurantes y era matador, de sol a sol, tanto que cuando salía tenía la misma sensación que compartiste en su día aquí, de salir al exterior y agradecer la simple brisa como si fuera sinónimo de libertad y vida, por muy efímera que fuera. En esos instantes previos a atravesar la puerta de salida, pensaba en las notas de cualquier disco que llevara en el mp3 del que iba a dar buena cuenta nada más poner el pie en la calle. Que disfrutables son los pequeños placeres.
    Un abrazo, y siento el pedazo ladrillo de comentario que acabo de dejar a lo tontojulián, jaja

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