Barroco y glam. "Dog Man Star" Suede (1994)

El presente año Anderson y compañía han retomado su carrera con Suede con bastante éxito y un disco como mínimo resultón, (ya comentado por aquí), supongo que capitalizar sus anteriores discos con suculentos extras, además les ha dado un buen empujón que intuyo que los mantendrá presentes durante unos cuantos años.

Su líder afirma en cada entrevista que su nuevo Bloodsports tiene un pie metido en Dog Man Star, en cierta manera es cierto, aunque más en la intención que en el resultado...

Dog Man Star es uno de los discos que siempre me han acompañado, unas veces lo relaciono con momentos críticos de pérdida y desazón, otras con momentos eufóricos de autoafirmación y otras digamos que... singulares, me ha acompañado para llorar, para saborear la soledad, para tranquilizar la euforia desbordante... como un disco comodín que se acopla al estado de ánimo, algo que veo posible por su esencia emocional flexible y de amplias miras.

Descubrí este LP al mismo tiempo que me contó una buena amiga que el guitarra y compositor Bernard Butler se había ido del grupo, el paralelismo con Guns n' Roses es innegable puesto que ambos, Izzy y Bernard, piedras angulares y fundamentales de sus respectivos grupos abandonaban el barco en su cima creativa, aunque pienso que Suede se rehizo con mayor dignidad que los Gunners, también es innegable. Incluso Coming Up con su pop-chicle me sedujo. El caso es que mientras los hermanos Gallagher y Blur se daban de ostias por el podium con la ayuda de NME, todo sea dicho, otros grupos como Pulp y Suede pasaban por una grandísima segunda fila por las listas de éxitos de los 90. 


Suede fueron con los que más conecté de los grupos de las Islas en aquellos años y Dog Man Star me los descubría, luego conseguí su debut y su EP Stay Together, trabajos que quemé en mi reproductor, alguno regalé, otro desapareció, pagué por éste hasta tres veces. En los días de su edición recuerdo leer en la prensa críticas hacia el grupo por el proceso en el estudio de la voz de Anderson, cuestión que ni puedo desmentir, ni afirmar, nunca di importancia a ese hecho (¿quien lo diría, Liam pasado de farlopa?), también recuerdo leer una entrevista en la que Anderson afirmaba que el título se debía a que esas tres palabras eran las que aparecían en mayor medida en las letras del LP, tres palabras que a mi modo de ver mostraban a la perfección el espíritu del disco, Dog, música perra y callejera directamente de los suburbios de Londres, Man, en el sentido de individuo, solitario, uno sólo, y Star hacia donde uno siempre tiene que mirar, significados que me sugería el contenido de éste trabajo.

Formación original con Butler 
Yo 'chico de pueblo' me imaginaba que la 'ciudad' debía sonar grandiosa, solemne y bucólica como Still Life y la vida en sus calles y suburbios como The Wild Ones, una de mis favoritas, sus jóvenes formaban una New Generation y se desmarcaban de la podredumbre humana con la actitud pseudo-punk de We are the Pigs, y aunque en primera instancia Introducing the Band me descolocaba con ese aire psicodélico, con el tiempo me ha llegado a gustar como la que más, con un color sonrojante en mi cara recuerdo ligar tocando con la acútica Dion Roja (que dura es la jodía) que me dió mi primo, el tema The Power, sabiduría universal asegurando que tenemos el poder aunque no dispongamos de las facilidades y privilegios de algunos, puede que el homenaje a James Dean Dady's Speedin sea la que menos me ha llegado pero tampoco la salté nunca y la épica amorosa de Heroine supongo que dedicada a Justine fue de las primeras que agoté.

No hay que olvidar la caústica y mordaz The Hollywood Life que tan bien cruje en directo. Pasada la primera fase con las canciones más directas, con el tiempo me sedujo sobremanera la segunda parte del LP, con epopeyas urbanas como Black or Blue, The 2 of Us y Asphalt World, junto a la nombrada y mi otra preferida Still Life. Un disco para escuchar y saborear, pop llevado al extremo, desde canciones más directas con riffs glammers marca de la casa, a otras de corte más acústico y etéreo, también orquestaciones impensables para una banda de pop de sus características (hasta ese momento) que ya quisiera Scott Walker. Puede que las tensiones que se originaron entre Bernard Butler y Brett Anderson en la fase de mezcla del disco, y la posterior salida del primero, ayudaran a dar al álbum un aire de riesgo y lejos de la influencia y alcance de cualquier espectativa que la prensa se pudiera hacer después de su eclosión con su debut. Sobrepasaron cualquier tipo de pronóstico.

Puede dar la sensación de que se trata de música dispersa y es todo lo contrario, es como una la banda sonora de una película inexistente, visceral y emocionante, mística urbana, con los años se ha ido desmarcando de cualquier etiqueta Brit de la época como una obra-isla que bien podría haberse editado décadas atrás. 


Greñas al viento

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