Those Pretty Wrongs - s/t (Ardent/Burger, 2016)

junio 24, 2016 Comentar

El nombre de Jody Stephens ya es suficiente para llamar la atención, al menos en mi caso, de su pasado con Big Star poco que añadir que todo buen amante de la música no sepa. Y por otra parte tenemos a Luther Russell de los Freewheelers, este menos conocido. Ambos se van a Memphis y montan un disco donde recuperan equipo e instrumentos de Big Star, las intenciones por tanto son claras.

Y no voy a hechar cohetes con este disco, las cosas como son puesto que no salvarán el rock del presente año, ni podría soltar que es de los mejores discos y tal y cual... ya sabéis todas estas mandangas de la promoción, pero más allá de si será recordado al año que viene, si que os digo que está hecho con mucho gusto, power-pop más pop que power que nació sin mayor pretensión que rendir homenaje a Big Star en directo y acompañar con su música el documental Nothing Can Hurt Me, y quizás éste sea el rasgo que les da valor, su carácter tranquilo, disco transparente y directo, todas las canciones nos llevarán a lugares ya conocidos y yo que lo agradezco porque además ambos demuestran que saben hacer canciones bonitas y utilizar melodías al gusto que entran como la seda. 

Me gusta el carácter acústico de muchas de sus canciones, Ordinary me parece exquisita, esos coros tan beatle presentes a lo largo del disco me encantan, en la misma onda tranquila transcurre la bonita Lucky Guy. Thrown Away tiene el marchamo de la gran estrela y Never Goodbye ya vale el disco y me hace desprenderme de la primera impresión de "obra menor", ya quisieran muchos tener a su alcance canciones como la deliciosa Start Again, y para que más se pregunta uno. Cierra The Heart, acústicas, piano y un arreglo de viento que la hace especial, un buen fundido a negro para un pequeña joya como ésta.

Así que no será un disco primordial, quizás, se admite y que más da, porque lo que si  destilan estas canciones es auténtico amor y cuidado por la música que les gusta a ambos músicos, y además es suficiente como excusa para escuchar de nuevo en directo power-pop de calidad de la vieja escuela, aquella que se alimenta de Beatles y Byrds, y por supuesto Big Star.  Yo por si a caso y si nada me lo impide no me los perderé pués esta colección de canciones estoy seguro que encastarán la mar de bien entre el repertorio clásico de la Gran Estrella, y eso mis queridos routers no es para perdérselo. 


Pájaro - He matado al ángel (Happy Place Records, 2016)

junio 09, 2016 1 Comentario

Apostillar una reseña como el mejor disco del año puede quedar pretencioso y tan gastado que a estas alturas poco valor transmite ya, aunque no negaré que el entusiasmo que me despierta esta rodaja me empuja a ello, no lo dudéis, ante todo vamos a la música grande de calidad y sin poses que valgan, cosa seria, vamos a este He matado al ángel el inmenso nuevo disco de Pájaro, nombre que esconde a la banda liderada por Andrés Herrera, artista curtido y veterano de la escena sevillana (Silvio, Kiko Veneno, Raimundo Amador...) que hace cuatro años debutó con un fantástico Santa Leone que destapó una carrera en solitario prometedora y, eso si, con el factor sorpresa jugando a su favor.

Ha valido la pena esperar esos cuatro años, pues He matado al ángel sustituye la sorpresa de su primer disco por un discurso armado hasta los dientes de inspiración donde de nuevo consigue con savoir faire que la música de base anglosajona encaste a las mil maravillas en algunos estilos de palo latino que por poco gastados se antojan auténticos, aunque ahora me atrevería a afirmar que con un mejor acabado y  trabajado a conciencia, cosa que además consigue sin perder un ápice de la autenticidad que caracterizó sus primeras canciones.

La música instrumental considerada muchas veces en el rock un tanto sui generis y minoritaria aquí juega un papel primordial, sin desentonar entre las cantadas completa una postal que refleja a quemarropa y sin aspavientos gratuitos los tiempos que corren a partir de unos títulos que poco espacio dejan a la duda, la apertura de Apocalipsis entre western y fronteriza es abrasiva, a continuación con arte crooner abre paso Guarda che luna un atractivo bolero que en pleno s.XXI me tiene encantado, y así destapa unas querencias italianas que no hacen más que agrandar su halo de autenticidad, escúchese Viene con mei y su socarronería muy del Celentano de los mejores tiempos, ambas podrían quedar para los restos como standards. Sagrario y sacramento es uno de los momentos álgidos del disco que a modo de bitácora existencial desmantela el ideario religioso a su antojo en ese territorio común entre el spaghetti western y el surf, que igual se acerca con maestría al surf en Costa Ballena como puede hacerte rememorar los viejos oldies de transitor de los cincuenta en Bajo el sol de media noche. El Dorado se va por los cerros del gran Cañón con su country arrastrado de escobillas. Pájaro tiene la gracia cuando homenajea sin salirse del encuadre e insufla vigor a por ejemplo la Danza del Fuego de Manuel de Falla de manera sorprendente, o cuando balancea el eterno feeling mediterráneo con un toque noir hacia un surf más vivaz en El Padrino con una sección de vientos protagonista, también recupera el genial blues de palo santo que es El pudridero del mítico y no suficientemente valorado Silvio. Cierra con El condenado, una instrumental a base de acústicas de técnica exquisita que se despide con aire resignado y que también hubiera encastado a las mil maravillas en el clásico de Copola.

Por suerte Pájaro conoce y se relaciona con la buena música que se hace ahora y se la trae consigo para acompañar a su fantástica banda en forma de colaboraciones que confieren la autoridad necesaria a todo aquello que tocan, Los Saxos del Averno, Los Quiero y el trompetista Ángel Sánchez, Julián Maeso, Guadalupe Plata y El Twanguero, encuentro de músicos de técnica refinada que con gran complicidad sonora hacen fluir y dan dinamismo a unos pasajes instrumentales excelsos y disfrutables de principio a fin. Guitarras crujientes, arreglos de vientos exquisitos, hammonds... hablo de delicatessen rock pero también de la música que hace épica de unas tradiciones musicales propias que yacen en el recuerdo no muy afable de épocas pasadas, dicho ésto desde el punto de vista del rock. Es en He matado al ángel donde Pájaro despliega en mayor medida su actitud y su amplia experiencia subyugando con maestría y lucidez cualquier estilo que acomete, y no sé si estará presente entre los elegidos de los gurús de la moda y el rock, aunque debería estar sin lugar a dudas. Delicatessen.


No lo dudes, hazte con él...
http://www.happyplacerecords.com/happyplacerecords.com/home.html 

Esta semana 3 nuevos conciertos con banda completa!
Viernes 10 en Valencia @ 16 Toneladas
Sábado 11 en Ronda @ Bodegas Descalzos Viejos con El Twanguero
Domingo 12 en Estepona @ Sonora Beach
 

Lucinda Williams - The Ghosts of Highway 20 (Highway 20 Records, 2016)

junio 01, 2016 10 Comentarios

El nuevo disco de Lucinda Williams me tiene atrapado. Uno de los pocos elegidos que no ha parado de sonar desde que saliera hace casi medio año, cosa que se dice pronto, pero que rápido pasan las novedades!. Creo que no hará falta explicar que Lucinda Williams más allá de americanas y alt-country es una de las grandes damas de la música de la actualidad por trayectoria y por el excelente estado de forma que está demostrando a lo largo de los años, y quito ese habitual "dama" de por medias que ya hasta me resulta sexista, la Williams así a secas es una de las mejores singer-songwritters que existen ahora en activo, que oigan, haberlos haylos muy buenos pero que tengan una voz propia y una escritura refinada a contar con una mano, añadamos que su interpretación puede y debe considerarse maestra por la sinceridad desbocada que transmite, regla de oro para contraponerla a cualquiera que confunda el oficio con el estilo de diseño cartón-piedra. ¿Quien dice que ya no nos quedan heroes? es mentira, ella es uno de los grandes, pero sin nada de divismos, incluso aquellas ruedas marcadas en el camino se me antojan ahora parte del aprendizaje que la ha llevado hasta aquí, no quiero quitarle valor a aquel disco pom que por cierto es de mis grandes favoritos, ni a ningún otro tampoco, pero si que es verdad que desde hace unos años su nivel es el de los grandes compositores de la canción de autor a la altura de sus drunken angels.

Llega por esta carretera repleta de fantasmas que miran desde el arcén, una carretera por la que prima la apertura interior y la confesión sin cortapisas, el difícil arte de la canción cruda a la par que profunda y sin adulterar como la vida misma. Canciones de estructuras nada complejas que permiten el esparcimiento de los dos grandes guitarristas Bill Frisell y Greg Leisz, grandes protagonistas por la parte que les toca que a través de los compases hacen que este camino lleno de baches lleve además uno de los mejores trabajos de guitarra de los últimos tiempos, fraseos entrelazados pantanosos y con mucho blues, técnica refinada jazzística, pinceladas de excelencia sonora que apuntalan el sentimiento y emoción que contienen estas canciones.

The Ghosts of Highway 20 para mi no es comparable a ningún otro disco de Lucinda, podrá tener nexos de unión con su anterior y más fluido disco, no lo niego, el caso es que no veo mejores ni peores discos en su discografía, no entiendo sus discos de esa manera, para mi cada disco tiene su carácter y la Lucinda que manda siempre es la de ahora. Si ella habla yo escucho, y de ahí a Dust que raspa como la piel contra la grava de la carretera 20, ya de primeras ambas guitarras se esmeran en segundo plano cuando canta la jefa y se recrean en los espacios entre estrofas, confieren y dan grandiosidad a una composición de base arenosa que abre la puerta a este cancionero por todo lo alto. La conjunción es maestra y la magia espectral es la del Nebraska oculto y familiar que se impregna de la esencia de clase obrera heredada en este caso de la amargura del sur profundo, por tanto, aunque trata de sus experiencias personales ese Factory en mitad del camino puede que no fuera necesario, pero es un gran guiño y entiendo que Williams ha visto a su protragonista como uno de tantos fantasmas que  podrían recorrer esta autopista 20,  no la quitaría por nada del mundo, al igual que el House Of Earth que consta coescrita con Guthrie, por ser el título del último libro que escribió nuestro hobo universal y porque al tratarse de un disco road-movie de carreteras debía estar presente. La Lucinda crooner de I Know About It me resulta magistral, ese "I know all about the pain" se clava tanto como el lamento emotivo y cortante de la guitarra, en las mismas coordenadas de country noir se desenvuelve la excelente If My Love Could Kill.  

Place In My Heart es un remanso de paz, como una pequeña nana que da oxígeno en mitad de tanta densidad de canciones como la plegaria tormentosa y lánguida de Death Came. Doors Of Heaven que suena a campos de algodón y al sur profundo, a espiritual que clama al cielo y a country-blues inmenso. Ni más ni menos que siete minutos dura The Ghosts of Highway 20 el tema central tiene el fraseo vocal que la emparentan directamente con el folk primigenio pre-village pero la música la eleva más allá de sus orígenes, Bitter Memories es otro blues como la copa de un pino, esta vez de cantina y alcohol, de llorar las penas para continuar por esta autopista, que grandes Frisell y Leisz. Can't Close The Door On Love es favorita, se abre paso grácil con Lucinda entonando este ni contigo ni sin ti, un Trust me como una declaración de amor dolorosa, "I know we fight and we can raise some hell but I'm gonna be with you for the rest of my life", y es redundar, pero aquí la guitarra se sale.  A remarcar también la tormenta final que reinventa el gospel Faith and Grace de los Staples Singers, catártica y visceral como pocas, una de las versiones que sirven para completar un cuadro amplio con un mensaje claro de supervivencia y superación, una purga de dolores profundos del alma.

Por supuesto este disco demanda inmersión y abandono a sus canciones, no puede someterse al juicio rápido y superficial. Un disco que está hecho para las horas de esparcimiento nocturno y no apto para todos los paladares, de hondo calado y de los que acompañan a largo plazo, además contiene las mejores partes de guitarra de lo que llevamos de año. Un equilibrio muy fino entre la lírica extremadamente profunda y la música de excelencia superior sobresaliente protagonizada por esas dos guitarras que se saben todos los palos de la América profunda sureña. Un disco que me tiene cautivo. Uno de mis favoritos de este año. Muy grande Lucinda.




"Odio las canciones que te hacen pensar que no sirves para nada. Odio las canciones que te dicen que has nacido para perder. Que no le sirves a nadie. Que no sirves para nada, porque eres muy joven o muy viejo, muy gordo o muy delgado, muy feo o muy ésto o aquello. Canciones que te deprimen o canciones que se ríen de ti por tu mala suerte o tus desgracias. Quiero luchar contra esas canciones hasta el último aliento y la última gota de mi sangre. Quiero cantar y demostrar que éste es tu mundo, aunque te haya golpeado y te haya tumbado docenas de veces. aunque te haya golpeado y arrastrado. Sin importar el color, tamaño ni constitución, quiero cantar canciones que te hagan sentir orgulloso."
Woody Guthrie