Gurf Morlix - Eatin' At Me (Rootball, 2015)


Un maestro dando su barniz orgánico a todo lo que toca, tejiendo ambientes que huyen de la complejidad, elegante y fácil de digerir, con el contrapunto de unas letras que abren en canal sus sentimientos y reflexiones vitales, todo a su cargo, casi en soledad, como suelen venir este tipo de canciones...

Para hablar de Gurf Morlix no podría hacerlo en términos de mejores discos o poms, más que nada porque desluciría un recorrido de fondo y no es mi intención. El cancionero a sus espaldas es importante, presente desde los 70 junto al malogrado Blaze Foley, y se extiende por los 80 sirviendo a las grandes causas siempre con los mejores, o mejor, los mejores siempre han visto en él la garantía del trabajo bien hecho, puede que justo o no, es mayormente reconocido por los proyectos donde participa que por sus propios discos, pues no ha dejado su huella en cualquier parte, además seguirle el rastro a través de sus colaboraciones es una buena manera de descubrir grandes discos. En mi caso descubrí su música gracias a una de esas causas de nombre Lucinda Williams, a parte dejo el tema de como acabó el asunto por no venir a cuento. Eso sí, habrá que reconocerle tarde o temprano que desde que empezó el nuevo milenio ha ido desarrollando una carrera a su nombre más que sólida con nueve discos exquisitos y donde no me quedaré sin recomedar al menos un par de ellos, Diamond to Dust y Last Exit To Happyland que podría situarlos como favoritos.

Su último disco es Eatin' At Me, puede que destinado a pasar como muchos otros sin pena ni gloria, por lo que comentaba antes, ¿quien sabe?.  Yo por mi parte, sin clavar un bandera en el montículo anual de lo imprescindible, pues si hablamos de gustos a muchos se les pueden escapar ambrosías como ésta, al menos en mi caso, lo tendré en mi alcoba a altas horas de la noche, un disco que me ha atrapado, por desgracia, por el desaliento y por esa pérdida de esperanza que desprende, pero que a su vez acompaña, por ese mascar los sueños como humo que se desvanece ante verdades que golpean o que alivian, a base de una esencia concentrada en gotas de descontento, o puede que sea mi descontento el que fácilmente se vea reflejado, profundo, desarraigo, la soledad, o no sentirse parte de nada. Y en ese Fuck Off! latente en todo cuanto veo, al final me da por ensimismarme en canciones como éstas que dan por hecho que pocas cosas tienen sentido, y las que lo tienen, poco peso suelen tener, que todo está en los detalles pequeños, todo, y aquí veo muchos que me tienden la mano y me lo hacen todo más transparente, más claro. 

De las canciones, Dirty Old Buffalo recuerdos de niñez felices pero que duelen por la consciencia de su lejanía, perfecta para inaugurar este recorrido entre el recuerdo y la mirada hacia un futuro incierto, en 50 years es imposible no dejarse llevar por esa melancolía a veces melosa, a veces agria, se reprime para no dejar que el perro muerda como lo hace The dog I amBlue Smoke es una tonada preciosa y ligera que no esconde su alineación con el universo de Blaze Foley aunque fuera solo en espíritu, amigo del alma a quien por cierto le dedicó un disco fenomenal, en momentos como la intensa Last Call deja ir la desesperanza con desdén y sin rodeos. Da un respiro Dinah, desenfadado blues-roots donde demuestra su maestría en la producción, riffs concisos y órgano dando el detalle de color. La minimalista Grab The Wheel sobrecoge con su aferrarse a la vida como única opción pese a los twists of fate. Bueno, pinceladas.

Lo podríamos llamar americana, adjetivo sobresaturado, aunque realmente cogerme a él lo que me da es pereza, pero el sentido que da Morlix es el de los grandes discos de Country actual de las últimas dos décadas, llámalo alternativo, y que igual puede recoger a grupos como Centromatic, que me recuerda un algo a Vic Chesnutt. También por supuesto como puede recordarnos a Blaze Foley y encontraremos ese blues del que Steve Earle sabe, y el mismo siempre ha confesado admirar el sentido americano de la música de Dylan por la elegancia y por ese condensar todo en un mismo andar en el difuso terreno entre el rock y la música tradicional, arreglos cuidados como suele ser normal en Morlix. Un maestro dando su barniz orgánico a todo lo que toca, tejiendo ambientes que huyen de la complejidad, elegante y fácil de digerir, con el contrapunto de unas letras que abren en canal sus sentimientos y reflexiones vitales, todo a su cargo, casi en soledad, como suelen venir este tipo de canciones.

Si es que hay discos que no están hechos para cualquier momento éste es uno de ellos, y si se trata de un disco que debiera recomendar para más gloria de mi credibilidad o de aquello tan en voga llamado ego, puede que ni lo intentara, pero si se trata de unas canciones que en ciertos momentos del día me salvan y me hablan con sinceridad sin grandes pretensiones, tal y como lo hacen las canciones de Williams, de Townes o de Foley, pues os diré que sí, que para mi es cosa seria y que al menos desde la fuente tradicional americana es uno de los elegidos en este caminar hacia el fondo de la ciénaga, luz tenue en forma de canciones atravesando esta rendija digital oxidada.


Escrito originalmente para Exile SH Magazine: http://goo.gl/oeDu0w

Comentarios

  1. Todo lo que hace Morlix me gusta y mucho, creo que describes al autor de maravilla en el último párrafo, desesperanza que acompaña y en mi caso ayuda a reaccionar contra ella y forzarme a agarrarme a la esperanza, en este principio de año que no me esta siendo fácil creo que puede ser bueno recuperar este disco.
    Un abrazo.

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  2. Si, la verdad es que este hombre parece ir a su marcha, sin mayores pretensiones, solo hacer buena música desde una posición más bien cómoda de segunda fila. Como a ti, el espíritu de este disco me ha acompañado sin más, hay épocas en las que todo parece gris y predispuesto a derrumbarse, las canciones nos salvan muchas veces, amigo mío, del desastre. Aupa Addi. Saludos y un abrazo

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  3. Me paso sin pena ni gloria hasta que addison me lo paso y me doy de bruces por haerlo ignorado

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