Art Blakey & The Jazz Messengers - "Buhaina's Delight" (1963)

Art Blakey ya tenía una carrera considerable a sus espaldas a la altura de "Buhaina's Delight", consagrado y respetado, y en este disco con una de las mejores formaciones de los Messengers.


En mi universo jazzístico particular Art Blakey ocupa un lugar privilegiado junto con Miles Davis, Chet Baker y Oscar Peterson, uno de los artistas que me ha enganchado al jazz visto desde una perspectiva instrumental, si nos vamos al vocal cabría añadir unos cuantos nombres más. En Buhaina's Delight, Art Blakey destila la actitud socarrona que ya quisieran muchos en el rock'n'roll, además un empuje y un desparpajo pocas veces visto y a contar con una mano, Art Blakey hace en este disco jazz del bueno, energía desbordante sin perder el swing.

Con Moanin' descubrí a Art Blakey, clásico que hay que escuchar si se pretende entrar en el jazz, la canción titular es uno de esos estándares que se te meten en la cabeza sin que puedas hacer nada. La compuso Bobby Timmons para los Messengers, tiempo después descubrí el disco en solitario de Timmons donde hacía su propia versión, su debut This is here Bobby Timmons es una maravilla para los que os guste el piano-jazz con poco acompañamiento, sólo contrabajo y batería.

Pasa que con el jazz todavía puede experimentarse el placer del hallazgo de tesoros en las gavetas de esos lugares sagrados y cada vez menos frecuentados, hay mucho por descubrir con el 'excelente' en el sello de fábrica, y lo que es más importante, sin la influencia muchas veces fatal de la sobre información que muchas veces me lleva cuál borreguillo por el mismo sendero de siempre. Así descubrí Buhaina's Delight.

Buhaina's Delight es Art Blakey, sus baquetas y mucho humo, esta imagen parece que vaya a salirse del encuadre en cualquier momento. Y es que las portadas de los discos de Jazz son una de mis debilidades, sobre todo las de Blue Note y Prestige, concretamente con la serie de remasterizaciones de Rudy Van Gelder, que maravilla, parecen vivas, luego los créditos siempre acaban siendo el empujón definitivo, es una de las lecciones que Cifu me ha enseñado con su programa (siempre gracias Cifu). En este disco el quinteto pasó a sexteto con la incorporación del trombón de Curtis Fuller, y así de la época Morgan/Timmons pasamos a la época Shorter/Hubbard, que quizá sea la más representativa, donde la alineación es simplemente mágica, Wayne Shorter, Fredie Hubbard, Curtis Fuller, Cedar Walton y Jimmie Merritt, busca cualquier disco donde estén ellos y estará buscando oro. Portada, sello RVG, y alineación, un verdadero dream team del jazz.

Con este disco entendí definitivamente que es el Hard-Bop, potencia sin perder los papeles ni el swing, con un sonido directo y potente, pero el hard-bop además de sacudir todo el cool que adormilaba el jazz con su suavidad sonora, lleva a sus espaldas la esencia de la lucha afro-americana por los derechos civiles y la búsqueda por su pasado cultural.


Art Blakey no fue de los primeros en utilizar elementos de la música africana en sus composiciones, pero sus experiencias, influencias y música ilustran muy bien la importancia que la cultura africana ha tenido en la vida de todos los músicos jazz afro-americanos. En el caso de Art Blakey, nacido durante el renacimiento de Harlem, fue influenciado desde el punto de vista político y con los conceptos que predominaban en la cultura de color en aquellos tiempos, el panafricanismo, los escritos de Marcus Garvey y la música de Duke Ellington, también Thelonious Monk, Kenny Clarke y Dizzy Gillespie, tres de los más importantes contribuyentes a la revolución que supuso el Be-bop.

Blakey viajó, como muchos otros, hasta el oeste africano en esta búsqueda ancestral, escuchando y interaccionando con músicos locales, que a la postre, influyeron en su trabajo y lo utilizó a niveles artísticos como reflejo de los avances que el movimiento por los derechos civiles iba logrando, algo muy normal en la época puesto que en aquel entonces el jazz iba estrechamente ligado al compromiso con su realidad social, algo de lo que tomar ejemplo al menos mirando hacia nuestros días. El título de este disco marcaba la clara determinación de Blakey, su nombre pasó a ser Abdullah Ibn Buhaina.

Backstage Sally quizás de primeras os lleve al Walkin' de Miles por su regustillo a cine negro, es perfecto para mantenerte enganchado al altavoz. Contemplation es una de las mejores baladas de Wayne Shorter, te lleva a su terreno a partir de una suave, nocturna y melancólica melodía, que ligeramente flexibiliza el tempo al tiempo que saxo y trompeta se entrelazan, y entonces Shorter vuela, una de esas canciones que lo hacen merecer el estatus de grande del jazz, y porque no, sentado a la derecha de Coltrane, al menos si no comparten la misma técnica, si en cuanto a ingenio en sus fraseos. Por supuesto, de lucimiento de Blakey a las baquetas está Bu's Delight, composición de Fuller con un riff pegadizo que a pesar de sus casi 10 minutos pasa volando, Blakey se luce no sólo en su técnica, puesto que es un virtuoso, sino que lo hace atractivo directo y sencillo (en apariencia), con su solo va presentando cada parte de la batería hasta el estallido final, no os hablo de redobles y más redobles sin fin que terminan cayendo en la vacuidad, son palabras mayores.

En Reincarnation Blues, Shorter, Hubbard, Fuller y Cedar Walton entrelazan sus fraseos y tejen una llamada-respuesta que preparan el camino para el solo de cada uno, y todo en sólo seis minutos. Shaky Jake es una de mis preferidas, la única de Walton en el disco, club nocturno, humo y jazz en primera fila. Era evidente a la altura de estas sesiones que una versión de Moon River podría confundir por ser archiconocida gracias a la banda sonora de Desayuno con diamantes, aunque la canción original dista mucho de la esencia del Hard-bop, cosa que hace intuir que Art Blakey, comprometido con los derechos civiles, la cogió y la abofeteó de manera premeditada, la despertó de su languidez, la aceleró y la hizo respirar en un claro acto de reafirmación afro-americana, momento que pese a no tenerse demasiado en cuenta para mí es uno de los momentos álgidos del disco.

Buahaina’s Delight pasa como un suspiro, te deja un buen sabor de boca y ganas de más, además te levanta el ánimo aunque tú no quieras. Si no conoces la obra de Art Blakey no hay que agobiarse, sería imposible escuchar todo lo que ha sacado, entre discos con los Messengers y colaboraciones hay un mar de referencias, en estos casos es más fácil guiarse por años y formaciones. Como dato para apuntar, aunque este disco fue editado en 1963, fue grabado en 1961 con un margen de 5 semanas de diferencia con Mosaic, otras obras imprescindibles podrían ser Moanin’, Caravan, Free for all o las noches en el Birdland, incluso cualquier colaboración con Clifford Brown, o si preferís este es un buen disco donde Art Blakey se encuentra en total posesión de sus facultades artísticas y con una de las mejores formaciones que nunca ha tenido. Un disco muy recomendable.



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